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Volver a entrenar después del verano sin lesionarte: lo que tu cuerpo necesita antes de que le exijas lo mismo que en junio 

El entusiasmo de septiembre tiene un precio

Septiembre activa algo en la mayoría de personas que entrenan. La vuelta a la rutina, la energía renovada después del verano, las ganas de recuperar el tiempo perdido. Todo eso es positivo y real, pero tiene un lado oscuro que aparece con bastante frecuencia en forma de lesión en las primeras semanas de retomar.

El patrón es siempre parecido. Alguien que ha parado dos meses vuelve al entrenamiento con la misma intensidad que tenía en junio, convencido de que el cuerpo tiene memoria y que recuperará el nivel rápidamente. Y técnicamente es cierto que el cuerpo tiene memoria muscular. El problema es que esa memoria no protege los tendones, los ligamentos y el tejido conectivo de un estímulo para el que no están preparados después de semanas de inactividad.

Lo que cambia en el cuerpo durante el verano

Dos meses de actividad reducida producen cambios reales en el cuerpo que no siempre son visibles pero que afectan directamente a cómo responde cuando vuelve a entrenar con intensidad.

La fuerza muscular cae de forma gradual pero consistente. La capacidad cardiovascular, que es más sensible a la inactividad, baja con más rapidez. Pero lo que más importa desde el punto de vista de la lesión es lo que ocurre en el tejido conectivo. Los tendones y ligamentos se adaptan al entrenamiento de forma más lenta que el músculo y también pierden esa adaptación de forma más silenciosa. No duelen mientras se deteriora su capacidad de carga. Duelen cuando se les exige más de lo que pueden dar en ese momento.

Ese desfase entre lo que el músculo parece poder hacer y lo que el tejido conectivo puede soportar realmente es la causa más frecuente de lesión en la vuelta al entrenamiento tras un período de descanso.

Los errores más frecuentes al retomar

El primero y más común es volver con los mismos pesos que se usaban antes de parar. La memoria muscular ayuda a recuperar la técnica y la coordinación con relativa rapidez, pero no garantiza que el tejido conectivo esté preparado para esa carga desde el primer día. Empezar con menos peso del habitual no es un paso atrás, es la decisión que evita que una lesión en octubre arruine el resto del año.

El segundo error es ignorar las señales de alerta. Molestias que en otro momento serían una señal para reducir la carga se interpretan en septiembre como parte normal de la vuelta al entrenamiento. A veces lo son. Pero a veces son el aviso de que algo está siendo exigido por encima de su capacidad actual, y no atenderlas tiene consecuencias que se pagan después.

El tercero es saltarse la fase de readaptación. Volver al entrenamiento después de un descanso largo no es continuar donde se dejó. Es empezar un proceso de readaptación que tiene su propia lógica y su propio tiempo, y que si se respeta produce una vuelta al nivel anterior mucho más rápida y segura que si se intenta saltarlo.

Qué papel tiene el entrenador personal en todo esto

Un entrenador personal no sirve solo para cuando todo va bien y el objetivo es progresar. Es especialmente valioso en momentos como la vuelta al entrenamiento tras un descanso, cuando hay que tomar decisiones sobre carga, intensidad y progresión que tienen consecuencias directas sobre la salud del cuerpo.

Evalúa el estado real del cuerpo antes de diseñar el programa de retorno. No el estado que tenías en junio sino el de ahora, después del verano. Esa evaluación determina desde dónde hay que empezar, qué hay que respetar y qué se puede exigir desde el primer día.

Controla la técnica en cada sesión, que es especialmente importante en las primeras semanas de retomar porque la fatiga y la pérdida de patrón motor durante el verano hacen que errores de ejecución que antes no existían aparezcan ahora. Un error de técnica con carga es la combinación que más lesiones produce.

Y gestiona la progresión de forma que el cuerpo avance al ritmo que puede sostener, no al que la impaciencia de septiembre querría imponer. Esa gestión de la progresión es lo que permite recuperar el nivel anterior de forma rápida y sin contratiempos, en lugar de llegar a noviembre con una lesión que obliga a parar de nuevo.

Septiembre bien hecho marca el resto del año

La forma en que se retoma el entrenamiento en septiembre tiene consecuencias que van mucho más allá de las primeras semanas. Un retorno bien gestionado, con la progresión correcta y sin lesiones, permite llegar a octubre con el nivel recuperado y con el cuerpo preparado para un último trimestre productivo. Un retorno mal gestionado puede significar semanas de parón en el peor momento del año para perder continuidad.

La diferencia entre los dos escenarios casi siempre se reduce a si hay alguien que sepa leer lo que el cuerpo necesita en ese momento o si se vuelve a ciegas con la energía de septiembre como único plan.

En Estudio LIFE la vuelta al entrenamiento empieza siempre con una evaluación del estado actual antes de diseñar nada. Si quieres retomar bien este septiembre, escríbenos.

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